Contáctenos: +33 (0)3 89 50 01 47
Ningún producto

El pez mandarín, también conocido como gobio mandarín (Synchiropus splendidus), es uno de los peces más fascinantes y buscados en la acuariofilia de arrecife. Originario del Indo-Pacífico, pertenece a la familia de los Callionymidae. Los complejos dibujos de su cuerpo y sus intensos colores azul, naranja y verde convierten a este pequeño pez en una auténtica joya para cualquier acuario de arrecife. Muy apreciado por su espectacular aspecto, puede desarrollarse plenamente en un acuario adecuado, con una alimentación específica y variada.
Synchiropus splendidus
El Synchiropus splendidus, comúnmente llamado pez mandarín, es un pequeño pez de carácter pacífico conocido por sus vivos colores y sus finas aletas dorsales. Es pacífico con otras especies, aunque el macho puede mostrarse muy territorial con otros machos de su misma especie.
Puede mantenerse en pareja o en un harén compuesto por un macho y varias hembras. Sin embargo, se desaconseja totalmente mantener dos machos juntos, incluso si el acuario alcanza el volumen mínimo recomendado de 200 litros.
El pez mandarín no tiene escamas: su piel está recubierta por una capa de mucosidad rica en pigmentos que protege al animal y realza sus colores. En la naturaleza habita en lagunas y arrecifes de coral, donde se alimenta de microfauna.
Mantener un pez mandarín en un acuario de arrecife requiere reproducir las condiciones de su hábitat natural. El acuario debe ser estable, contar con un volumen mínimo suficiente (≥ 200 L) y ser rico en microfauna y otros pequeños invertebrados vivos.
La temperatura y los parámetros del agua deben mantenerse constantes para favorecer el bienestar de este pez pacífico. En el acuario, el pez mandarín puede aceptar alimentos vivos o congelados, aunque puede resultar difícil de alimentar si la microfauna no está bien establecida. La presencia de bacterias beneficiosas y abundantes invertebrados le permite buscar alimento de forma natural y contribuye a mantenerlo en buenas condiciones.
El pez mandarín se alimenta de forma natural de microcrustáceos, copépodos, zooplancton y pequeños invertebrados. Pasa gran parte del tiempo picoteando entre las rocas del arrecife en busca de alimento.
Mantener una microfauna viva y variada, formada por copépodos, anfípodos y pequeños crustáceos, es esencial para su bienestar y para conservar la intensidad de sus colores. Los peces mandarín procedentes de cría también pueden aceptar gránulos adaptados.
La roca viva es indispensable para favorecer la presencia de microcrustáceos y proporcionar escondites. El sustrato y la disposición del acuario de arrecife deben permitir que el pez mandarín exprese su comportamiento natural de búsqueda constante de alimento.
El pez mandarín sigue siendo un pez pequeño en edad adulta y suele medir entre 6 y 8 cm. En el acuario, una pareja puede realizar sus característicos cortejos, normalmente por la noche, y reproducirse si las condiciones son favorables.
Esta especie presenta un marcado dimorfismo sexual: el macho se distingue de la hembra por tener el primer radio de la aleta dorsal más desarrollado y alargado.
Originario de las lagunas y arrecifes de coral del Indo-Pacífico, el pez mandarín puede observarse en su hábitat natural o en acuarios públicos y privados cuidadosamente mantenidos.
La combinación de sus colores intensos, su temperamento pacífico y su singularidad convierten al pez mandarín en una especie especialmente apreciada por los aficionados a la acuariofilia de arrecife.